Por un amigo, actué en una práctica de Realización Audiovisual.

Empezamos a ensayar su guión unas semanas antes. El primer día yo me sentaba en un extremo, pero el (magnífico) storyboard nos hizo ver lo evidente: que si yo iba a ser el Master del Rol, se me vería mejor en el centro.
Lo primero que grabamos fue la sintonía y los exteriores. Denme una capa y seré feliz.

Y tras días de anticipassion, bajamos a Madrid. Entrar en la Facultad de Ciencias de la Información me impresionó mucho. ¡Y yo que pensaba que era como un instituto con techos altos! Había mucha más gente tras las cámaras que delante. A las de Dirección ni siquiera las veíamos, estaban en una sala anexa.

Comenzamos a ensayar. A la mitad de la segunda escena, nos indicaron:
—Esto… ¿Podéis alzar más la voz?
Y alzamos la voz como si ya estuviéramos haciendo la actuación definitiva.
—Esto… Vamos a cortar y volver al principio.
Y recomenzamos el ensayo por una razón que no nos explicaron.
—Esto… Vamos a parar la grabación, a esta cámara se le ha apagado el visor.
Por eso al tercer intento ya se nos salían las tripas.
Sin embargo, me sentía muy bien participando en una sitcom, aunque fuera de prácticas. ¡No se ven, pero llevaba pantuflas de leones!

Al finalizar, el profesor habló a la clase. También a los actores, lo cual agradecí. Nos recomendó visitar museos, acostumbrar el ojo a la belleza para poder reproducirla. ¿Tan feos somos?

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