Cada medio año hay en Villalba un festival artístico. Empezó como un recital para poetas, pero empezaron a leerse también relatos, y poco después llegué yo con mis cortos. Este año incluso hubo una violinista y un cantante de boleros.

Siempre suelo proyectar algo, y en principio había escrito algo para una animación flash. Sería una continuación de “IX Premio Minotauro“, una cosa rara que se me ocurrió leyendo los títulos de los finalistas de dicho concurso literario. Al año siguiente también me planteé proseguir con la parodia, pero los títulos no me sugirieron ningún chiste.
Sin embargo, este año postergaron tanto el fallo, que aunque sí se me ocurrió buen material, para cuando lo comunicaron ya no me daba tiempo a hacer la animación. De modo que como los recitales se celebran sobre un escenario, y ya lo echaba de menos, decidí reescribir el guión para teatro.

Contaba con un reparto de un chico y dos chicas, colegas de cortos.
—Víctor, he conseguido empleo.
—Bueno, no pasa nada, lo readaptaré para tres personas.
—Víctor, tengo varios encargos urgentes.
—Bueno, puedo llamar a Álvaro, que desde que fue Narrador en mi obrita teatral de “Zeus contra Tifón”, no hemos vuelto a colaborar.
—Víctor…
—Pues Álvaro y yo.

Ensayamos apenas dos días, pero asimilamos todo enseguida porque Álvaro es muy hacendoso y porque yo… soy el autor.

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