Participé en el corto de un amigo. Era el muerto.

El primer día de grabación madrugamos para hacer el gañán hasta el mediodía. El frío se chupó media batería de mi cámara, y el Full HD la otra.

Media semana después, un martes por la tarde, proseguimos en el Centro de Juventud de Alpedrete. Todo facilidades. Recreamos en un par de salitas las estancias de investigación, y el desván nos dio la escena final. Mientras, iba pidiendo una sala apartada de la Biblioteca Municipal Miguel Hernández de Collado Villalba para el jueves. El último día de grabación.

Cualquiera diría que cuando tienes sueño es más fácil hacerse el muerto, pero tiene su ciencia. No se trata de ponerse rígido, sino de liberar los músculos de todo impulso consciente… Salvo cuando te agarran para moverte: ahí debes ser un trozo de madera. En el plano en el que levantan mi cuerpo de la mesa y lo dejan caer, se me ocurrió que podía escupir sangre. Por supuesto, en una comedia en la que un hombre muere por exceso de cafeína era exagerado, pero sí que podría funcionar que escupiese café. No obstante, en el impacto mi gorro tapó la eyección bucal de fluidos, y como no quedaba más capuccino, el gag se quedó como anécdota privada. Da igual, de todos modos ese café sabía espantoso.

Al día siguiente caí en un detalle del guión que a lo mejor podría ser considerado extraño, así que propuse un breve plano y llegué a animarlo en flash:

Un par de semanas después, volvimos a reunirnos para finiquitar la pospo. Hacía falta doblar gran parte de las escenas debido a la mala acústica. Era la primera vez de la protagonista, Alba, pero se defendió de un modo admirable.

bachteriaY aquí estamos, con la reunión de las mejores tomas falsas. Un recuerdo gratísimo de cómo SÍ hacer un corto.

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