La espalda de un escritor es así.

La espalda de un escritor es así.

Este sábado fui al III Maratón de Microrrelatos de Navacerrada. Se ha convertido en una costumbre anual. No se hace repetitivo porque en cada edición cambian algo en las bases sin avisar. Lo único que no cambia es ir con Gloria en su coche. El primer año llegué a la Segunda Ronda. El año pasado quedó ella en el tercer puesto, y yo me retiré al inicio porque cambiaron un procedimiento de modo imprevisto y a mí me había tocado la silla rota. Me di prisa en inscribirme.

¡Turbocaligrafía! Me adjudicaron el número 1. Se tarda menos en escribir, es un tajo vertical y ya. Me senté al fondo para evitar distracciones. Delante de mí se sentó el 2. A mi izquierda, una joven con el pelo de un castaño tan claro, que cuando en la Primera Ronda se confundió con las instrucciones de la presentadora, la llamaron La Rubia.
Cuando en una eliminatoria de 30 se descartan 16 personas en vez de 15, se resiente la sonrisa un rato.

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Durante el descanso se sirvió café. Yo había tomado ya uno en la cafetería de abolengo que hay al lado, por lo que apenas me limité a catar un par de galletas, madalenas, y patatas fritas. Y más madalenas. Café no, que se me sube.

Los verdaderos protagonistas de la mañana.

Los verdaderos protagonistas de la mañana.

Hablé con un hombre de unos 40 años a quien todos acabamos llamando El Chico. Según me contaba, traía memorizados varios microrrelatos. No es mala iniciativa, si no fuera porque te dan un pie de comienzo en el momento: «Los años te atropellan mientras…» Con eso no puedes traer nada preparado. Yo incluso me pregunté durante unos segundos si podría empezar algo con eso. Pongamos un ejemplo. En este concurso debes escribir entre 100 y 120 palabras, pero como ejemplo valdrá. Pon que escribes esto en tu casa:

«Oh, monstruo radiactivo,
aléjate, aléjate de mi ciudad,
deja de masticar las astillas del embarcadero,
oh.»

Ahora, intenta que quede bien con el pie de empiece y además incluyendo dos palabras que te dan en el momento. Este año, las de la Primera Ronda fueron cremallera y boli:

«Los años te atropellan mientras
el monstruo radiactivo escupe fuego
como tinta de un BOLI.
Yo me subo la CREMALLERA
para que no me chamusque. Oh.»

No es lo mismo.

 

¡Revistas! ¡Revistas frescas!

¡Revistas! ¡Revistas frescas!

Aunque La Rubia se fue, Gloria y yo la defendimos. Una sugerencia de mi colega fue oída: para pasar a limpio los cuentos, retiraron las plantillas de líneas discontinuas (agradezco la buena intención de diseño, pero eran casi invisibles) y se procedió a pasar a limpio en iguales plantillas de cuadrícula.

Se iban a enumerar los participantes que pasarían a la siguiente fase eliminatoria, empezando desde el uno.
—Uno.
¡Pasé a la Segunda Ronda! Puse el puño en plan III AM THE CHAMPION, y cuando escuché el número de Gloria —Cinco—, volví a ponerlo en plan WEEE ARE THE CHAMPIONS.

Cruzando la pasarela.

“Así que esto es lo que siente Thor cuando cruza el Puente de Bifrost…”

No me preocupé en ese momento de los premios. Son suculentos, pero son lo de menos. Yo concurso para batirme en competición con plumas más experimentadas que la mía. Así, el año que pase a la final, sabré que escribo mejor. O que soy más cursi o comercial, depende de qué jurado.
Fui el único chico en pasar. Al otro Chico no le vi más.

Lo duro de la Segunda Ronda es que con un pie de comienzo puedes terminar el cuento como tú quieras. Pero cuando tienes un pie de final, el cuento acaba como la conductora quiera.

«Oh, monstruo radiactivo, aléjate,
aléjate y te daré un COLLAR,
venga, que estoy de buen HUMOR.
¿Qué pasa cuando no pasa nada

Lo de Godzilla es un ejemplo. Más bien me salían unos cuentos de lo más dramáticos. De los que jamás escribiría por mi cuenta. Es por esto que jamás me arrepiento de venir, estos concursos te empujan más allá de tus límites. Pero mi segundo microrrelato no dio suficiente emoción. No llegué a la Ronda Final. ¡Gloria sí!

Esta foto está en el blog porque también salgo yo.

Esta foto está en el blog porque también salgo yo.

No llegó a tercera como el año segundo, pero al menos su cuento se entendía a la primera. El de la ganadora era de esos que para entenderlos debes leerlo impreso; si te lo leen en voz alta te pierdes. Se me ocurre que, si puede la organización contar con cuentacuentos como los del otro descanso de este año, ¿por qué no leen ellos los relatos finalistas con su maestría en la declamación?

Esperamos regresar el año que viene. A volver a pasar a la Segunda Ronda los dos. Más que nada… ¡a divertirse!

Los dedos no marcan el signo de la Victoria, sino de que llegué a la ronda 2 :p

No son uves, son doses.

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