Primer capítulo de mi nueva miniserie.

 

Este proyecto nació hace casi diez años, pero ha cambiado tanto de planteamiento que podríamos decir que sólo dos.

En principio estaría grabada en vídeo, con unos amigos, barbas, y campo. Pero en tiempo de estudios había que estudiar, y en vacaciones me quedaba solo. Ya entonces quedó inventado un chiste del tercio final, que espero poder plasmar bien y de forma divertida.

La cosa se canceló, y pasó el tiempo.

Hace un par de años aprendí unas nociones de animación con Flash y el gusanillo de adaptar “El Hobbit” volvió. Aún no cuajaba la cosa, pero la idea estaba, la estructura se iba formando en mi imaginación. Y aunque no dibujaba una sola línea, tampoco descartaba el proyecto. Entonces llegaron las películas de Peter Jackson. Y me dije: “Víctor, como veas esa trilogía se te va a borrar tu visión de El Hobbit. Si vas a parodiar la novela, hazlo cuanto antes. Y así además podrás comparar tu versión con más ojo experto.” Seguía teniendo problemas de diverso tipo, pero no podía darme por vencido sin al menos intentarlo. Durante el pasado diciembre le preparé a mi novia una breve canción animada, Veinteañona, y, en pocas palabras, decidí usar tres programas en vez de dos. Este atajo de vago me hizo ver que no necesitaba tardar mil años en una pieza audiovisual que de todos modos siempre tendría otros fallos.

Un dibujo. Otro. Luego otro. ¡Acuarelas! No las tocaba desde hacía años (y se nota). A los dos meses ya tenía todas las piezas. Tenía elegido a un prota desde hacía dos años, pero ya no le era posible hacerse cargo. Los colegas de doblaje me fueron haciendo pruebas hasta dar con algo satisfactorio. No sé qué fue más complicado, si hacer malabares con el reparto o la edición de los dibujos.

El inicio de la materialización de este proyecto se me ha solapado con los coletazos finales de mi primera serie paródica (de doblaje): “Bragon Dall UF“.

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