Falta media hora. Es raro, no estoy nervioso. Hasta soy capaz de ver los postes a los lados de la vía. Pasan tan rápido que son invisibles. Según nos acercamos, entra más gente.
Sólo quince minutos. Esa señora no encuentra sitio. ¡Siéntese aquí! Al menos de pie no se me nota el temblor de piernas.
Cinco minutos. Un suspiro antes, el reloj volaba desbocado, y ahora estoy en una burbuja donde avanza el paisaje y no el tiempo. ¡Se abrieron las compuertas! ¿Cómo he aguantado un mes sin verte, y me moría por media hora?

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