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Datos y horarios completos en: https://srpintado.wordpress.com/zvst/

A finales del verano pasado, presenté un par de piezas para el concurso del Teatro de Cámara Cervantes. Se lo comenté a mi amiga Saskia, directora de los talleres teatrales del Centro Cultural de Alpedrete. Porque sí. Como quien dice “me gustan las ardillitas”. Y me dijo:
—Pues necesito una obra para los jóvenes este año.
Media semana después, había desempolvado el argumento de mi obra teatral fallida nº 2. La había readaptado a cada uno de sus nuevos alumnos, de los cuales ya conocía a la mitad; sabía a lo que atenerme y podía confiar en sus habilidades, ¡los diálogos estaban casi escritos por ellos! De hecho es la segunda pieza teatral que escribo para un reparto en concreto. Unos años atrás elaboré una obra para el grupo de adultos de Saskia, pero justo dejó el grupo la mitad y pasé de rehacerla desde el inicio.

La primera imagen que me vino, el germen de todo el resto, fue la de Afrodita presentándose con un ripio:

Soy la diosa Afrodita
del amor tengo el poder.
Si de ti estoy cerquita,
te entran ganas de… divertirte.

Le mostré el primer borrador a Saskia. Ella tenía muy claro lo necesario para que un texto tenga gancho. No sé cómo me las apañé, pero le gustó. Por supuesto, en esta historia de batallas y pasiones y tendones arrancados había elementos mejorables, y los arreglamos el fin de semana siguiente en una sesión intensiva con té y pastitas. Cuando el reparto leyó el texto, ya estaba en su tercer borrador. Yo tenía un personaje que me había reservado por aquello de que no eran suficientes alumnos y… y para salir yo también en la obra, que soy así de chusquero a veces. Pero unos meses después, entraron un par de personas más al grupo, y preferí ceder el personaje a uno de los actores del grupo, que lo hacía fenomenal cuando me sustituía. Además, por aquello de los nuevos “fichajes”, ahora resulta que faltaban personajes. Si una de las escenas fue escrita expreso para lucimiento de las secundarias, tuve que añadir un personaje más, ex profeso para lucimiento de una de las dos chicas nuevas. Había conversado con la madre de una de ellas, y en base a lo que indagué, escribí un papel que fuese un reto: Narciso. Una sátira del romanticismo esquizoide. Un gollum de la antigüedad. La personificación de un apaño.

Pasados los meses de ensayos, me fui desvinculando más y más del montaje. Primero, porque por muy útil que el autor pueda ser, al final es el director el que debe tener todo en su cabeza y quien se lleva los lechugazos si la obra no gusta. Hay que aceptar que haga suya la obra. Si no, te enfadarás en cuanto meta un chiste de “uy, se me ha caído el mechero, hihihihi”. Y segundo, porque ya andaba con otros proyectos y no me llegaba la atención para tanto.

Las semanas han pasado raudas cual rayo de Zeus. No me termino de creer que queden tres días para el estreno.
¡Mucha mierda!

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