Manicomia se acercó a Pintado con una caja entre las manos. Era tan ancha como una biblia abierta, y tenía corazoncitos del reciente día de los enamorados. Pensándolo en frío, habían pasado el día juntos, pero eran unos amigos tan platónicos que daba asco.
—Toma, te regalo esto —le dijo. Dentro había dos botellas, de etiquetas rosa y azul, tambien acorazonadas. Un gel de baño y el body milk.
—Gracias —olían bien.
—Espera, ¿la caja la quieres? Es que a mí me gusta.
—Vale, quédatela —así podría usar sus amorosos motivos en algún collage.
—¿Y te importa que me quede también el body milk?
—Bueno, con el gel me basta.

El domingo, la madrastra de Pintado preguntó de quién era el gel.
—Mío —respondió él. Luego se percató de que el corazón central de la etiqueta decía “MUCHO”. El resto del mensaje descansaba entre collages.

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